EPISODIO VEINTISEIS
- 10 oct 2017
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Comimos en una cantina bastante berreta donde nadie notó que teníamos que sincronizar nuestros movimientos para comer los dos juntos, cortar, pinchar con el tenedor y ahora arriba, a la boca, tratando de que no quede a la vista la cadena que nos unía, colgando.
_ La verdad es que no tenía hambre.- Justifiqué mi desgana a todo que no sea estar desnudos en una cama. O el suelo, lo que sea.
_ Seguí comiendo igual, yo sí tengo hambre y si vos no comés alguien puede notar que estamos esposados.
_ Podemos decir que es mi despedida de solteros… y los jodones de mis amigos me esposaron a vos porque saben que sos la mujer que siempre soñé, para que me dé cuenta del error que siempre cometí.
_ ¿Hay alguien, Juan? ¿Te esperan en algún lado?
Me miró tan seria que me atravezó como una lanza.
_ ¿Qué querés saber? – Como siempre trate de esquivar cualquier asunto personal. No me gustaba hablar de esas cosas mias, sí podia escribir mucho sobre otros, pero yo mismo era terreno sagrado.
_ ¿Quien sos? ¿Por qué te metiste en esto? ¿No hay nadie a tu lado que te haga entrar en razón?
_ Si te referís a una mujer ya no, parece que ahora sale con mi mejor amigo.
_ ¿Eso ocurre de veras? Siempre pensé que era un chiste.
_ Yo también, pero te seguro que como chiste es muy malo.
_ Ella se fue, y de pronto solo y a la deriva terminaste metido en esto.
_ Vueltas de la vida… soy escritor.
_ ¿Escritor de libros?
_ Algo así, escribo para otros. Por otros. Cuando ellos no saben cómo, me pagan para hacerlo al menos un poco mejor. Soy un negro. Un fantasma.
Masticó una papa frita al parecer con gusto. Yo me metí un pedazo de hamburguesa de vaya uno a saber con carne de que animal estaba echa.
_ Me imagino que tu tío te metió en esto.
_ Tal cual, pero no se por qué…- Decidí pasar por alto el verdadero motivo de mi existencia, el falso escriba.
_ ¿No te dijo nada? ¿Simplemente así de un día para otro te descubrió este mundo vedado para la mayoría?
_ Más o menos. Sólo me dijo que pagaría muy bien por algo que yo debía hacer, no sé bien que cosa, nunca terminó de explicarse… y acepté porque no tenía nada mejor que hacer, nadie me espera Mía. Lo que ves es lo que tengo. Pagaba bien y además era mi tío, mi viejo murió en un accidente cuando yo era muy chico. Que sé yo, quería conocerlo más, tal vez había algo de mi viejo en él, en definitiva es su hermano.
_ Lamento decirte que no sé si sus intenciones sean buenas.
_ ¿Pero vos no confiaste en él la búsqueda de tu viejo?
_ Si, así lo pidió él, pero creo que descubrió algo y ahora va por su cuenta. ¿Vos sabés algo que yo no sé?
_ Lo mismo que vos, Legión, el mesías y nosotros posponiendo lo que más anhelamos. No puedo seguir así, quiero que vuelvas a estar encima de mí. Quiero volver a tu boca.
_ Juan, entiendo tu deseo, pero hoy no estoy para tormentas.
_ Ya sé… ya sé… pero sólo que nunca fui capaz de imaginar una mujer como vos… y cuando nuestros cuerpos chocan todo límite desaparece, tus curvas llaman a mis manos, tu boca frota contra mi boca y mi saliva se vuelve un manto dulce y amargo, a la vez, te quiero contra mí. Pero sé que es un anticipo del final, porque no soy nada más que eso, un final con suerte. Un precipicio a la realidad. Un castillo de posibilidades que promete otro paso. Otro llanto. Tus ojos me dicen que puedo ser alguien. Tu boca me advierte que puede ser peligroso. Y tu lengua me avisa que no soy nada más que que un chasquido de bocas, un nuevo sabor, una tormenta que trae nuevas posibilidades de salida, mordidas, choques de labios, y miradas de lejos…
_ Basta me aburre la poesía, tenemos que seguir hasta saber la verdad, y seguro que eso nada tiene que ver con esto.
_ Con nosotros.
_ Sí, con nosotros.
_ Me gusta tu estilo, tu intento de no tener nada que ver con nada, tu mezcla de mujer en apuros y mujer peligrosa…
_ ¿Peligrosa?
_ Desnuda.
_ No te importa otra cosa.
_ No, desnuda y dispuesta llevarme hasta la posibilidad de ser feliz.
_ Está bien, donde vamos tal vez puedas darte el gusto…
_ ¿ Y a dónde vamos?
El lugar era un gran muro oscuro, una pequeña puerta y una entrada custodiada por dos corpulentos hombres. Brillaba sobre la puerta el nombre del lugar, rebotaba contra la pared esa palabra que incitaba a la locura, a la carnal posibilidad de ser nada más que un cuerpo. “Deseo” era la palabra que nos invitaba a todos a ser lo que somos.
Cruzamos la calle y nos detuvieron dos gruesos individuos que se interpusieron entre nosotros y la puerta. Mía sonrió mostrando sus preciosos dientes e impuso su poder.
_ Estoy invitada.
La miraron desconfiada, “Deseo” era uno de los bares más exclusivos de la ciudad. Dentro, las personas permitidas de dedicaban al intercambio de parejas y al sexo en multitud.
La miraron y pidieron su palabra clave, al parecer cada invitado autorizado disponía de una.
Ella dijo su palabra y atravesamos una puerta oscura, un telón pesado que corrimos con fuerza y luego sí, muchas mesas, una barra y personas casi invisibles que nos miraban como si no existiéramos. Atravesamos el salón y nos depositamos sobre una mesa ubicada casi sobre la barra, desde otras mesas nos miraban con inquietud, seguramente pensaban cuales serían nuestras intenciones. O tal vez, lo sabían perfectamente.
_¿ Qué es este lugar?
_ No te asustes, acá solo somos impulsos hacia la verdad.
_ No me vengas con frases hechas. ¿Dónde estamos?
_ ¿Nunca te sentiste solo cogiendo?
Recorrí el lugar con la mirada, la misma oscuridad caía suavemente por todos lados. Noté mujeres altivas con pechos altivos, y hombres arriesgados dispuestos a nuevas puertas.
Me senté y me acomodé quedando de frente hacia las otras mesas. En una de ellas una hermosa rubia bebía una copa mientras su cuerpo esgrimía la tentación y uno de sus pechos se asomaba por el delgado vestido negro. Su acompañante rió gustosamente y se acomodó en el sillón. Volví mis ojos hacia Mía y la interpelé:
_ ¿Acá es donde vamos a saber la verdad?
_ No lo sé.
_ Estamos en un quilombo, si vale todo me voy a tirar encima tuyo.
_ Todavía no.
Me miró seriamente.
_Este lugar está lleno de agentes.
_ No me importa.
_ Vamos, Juan, controlate.
Se estiró hacia atrás y sus pechos subieron suavemente. Nada me importaba más en el mundo que sus tetas. Seguí con mis ojos ese movimiento y suspiré.
_ No tengo control…
Y me lancé sobre ella…
Continuará…

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