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EPISODIO CATORCE

  • 7 jul 2017
  • 5 min de lectura

Con pequeñas alianzas se construyeron grandes imperios. Le indiqué con la cabeza que fuéramos hacia otro lado a hablar más tranquilos. La seguí por el pequeño departamento hasta la aún más pequeña habitación. Miré la cama deshecha y la imaginé semidesnuda durmiendo en ella. Esperándome. En la pared había un cuadro de arte moderno e ignoto. Cuadrados dentro de cuadrados. Una silla hacía de perchero, y una pequeña televisión de mesa, arriba de ésta había dos ceniceros, una taza y tres libros. Traté de ver cuáles eran pero no pude ya que una vez adentro no encendió la luz, y apenas entrecerró la puerta. Sentía su cuerpo cerca, un recto haz de luz apenas dejaba ver bordes y matices, me estaba excitando. Cuando comenzó a hablarme en voz baja casi no lo soporté y tuve que concentrarme para no saltar sobre ella.

_ ¿Qué vamos a hacer ahora?- Preguntó.

_ Compartir información y estar atentos, Adolfo no larga nada… pensé que tal vez vos podrías darme algo de utilidad.

_ Yo sólo busco a mi viejo, ¿vos que buscas?

Buena pregunta. ¿Qué buscaba? Escapar de mi vida. Huir de mi sombra. Dejar todos mis errores persiguiendo otro error. La motivación era darse cuenta que todo estaba perdido. Que la vida era un festival brutal de exigencias absurdas. Que ser correcto era salir bien en una foto. Vestirse bien. Las marcas nos eximen de toda culpa. Porque ser y tener eran sinónimos. Porque el buen vivir no es sentir, ni gozar, es comprar, y usar, y acumular basura.

_ Sólo hago mi trabajo…

_ Que es…

_ Escribir.

_ ¿Te pagan por eso?

_ Poco, pero hago lo que me gusta.

_ Pero no entiendo qué tiene eso que ver todo ésto…

_ Soy un escritor fantasma.

_ Y yo la mujer maravilla.

_ No me cabe la menor duda… te explico, Adolfo cree que está pasando algo muy grande, pero nadie lo ve, o no nos damos cuenta, entonces mi deber es acompañarlo, ser testigo y luego escribir al respecto, para que la verdad perdure en el futuro. Ahora, te preguntarás que es lo que está pasando detrás de esa fachada que llamamos realidad, ni las más puta idea, sólo sé que esos de legión quisieron matarnos.

_ Antes que desaparezca mi viejo me llamó por teléfono, me dijo sólo dos cosas…que me quería y que si alguna vez veía hombres de marrón golpeando mi puerta no abriera, y escapara.

_ Linda charla para un padre y su hija. ¿No te pareció extraño?

_ ¿Qué cosa?

_ Lo que te dijo.

_ La verdad que no.

_ Los de marrón seguro son de Legión… ya tenemos un hilo argumental, evidentemente son los que pueden causar problemas. Una vez que Adolfo despierte debemos irnos ya de aquí.

_ ¿Irnos?

_ Como lo escuchaste, ya no estás segura, se complico todo como verás… hay un hombre herido en tu living, y otro en tu habitación…

_ Si, ya sé, escucho tu respiración, pero no te hagas ilusiones… no sos mi tipo de héroe…

Si me hubiesen pegado con una bola para demoler edificios no hubiese dolido tanto. La miré sin demostrar lo que verdaderamente sentía, era un hombre que era un fantasma, no debía involucrarme con la historia que debía contar, todos sus participantes no eran más que piezas de un tablero que se movían sólo si la historia lo requería. Nada tenían que ver con él, no debía involucrarse, la simpatía era una trampa, una forma de tergiversar la historia, porque cuando uno dejaba de pensar en uno para pensar en otro lo peor venía. El dolor era abandonarse, en el amor uno confiaba ciego, porque si no qué sentido tendría. Pero en la vida todo debía ser distinto, no dejarse llevar por las primeras apariencias, por más rápido que lata el corazón o se agite el alma, en esta historia la confianza era un faltante. Todos algo ocultaban. Todos en algo mentían, incluso yo. Pero iba a descubrirlo. Sino para qué me pagaban. A pesar que avanzaba por ahí como si nada, no olvidaba cual era mi función, si no hubiese sido por eso, es decir, que no estaba en pleno uso de mis facultades, me hubiese ido a mi casa a dormir. Tal vez a ver un película o escuchar un disco, un CD digo no… y no jugar de ciego, de pasivo, de muñeco llevado al azar, debía enterrar la punta de mis principios y no moverme de ahí. Esta Mía no parecía fácil de llevar. Y con mi tío a cuestas tenía poco margen de acción.

_ Nunca fui ningún tipo de héroe, lo que digo es que deberías pensar en buscar otro lugar donde parar… ¿una amiga?

_ No, por lo menos ninguna a la que quiera involucrar en esto.

_ Está bien, me parece sensato, por lo pronto nada podemos planificar mientras Adolfo este tirado ahí. Él decide. A veces me pregunto si no estoy siguiendo a un loco hacia un acantilado.

Me miró aflojando su rictus, le dio un matiz humano.

_ No creo que Adolfo esté loco. En todo caso, él, mi viejo, y todos esos involucrados en ésto no son insanos, sólo viven la única vida que saben vivir, asi como nosotros elegimos otro camino, legal, triste, y malpago, ellos optaron por el peligro, la acción, y ser parte de la historia. ¿Morir por una causa equivocada es peor que morir por nada? ¿De qué sirve la verdad si en definitiva se cree en otra cosa?

Estaba tan cerca que sentí una ráfaga de su aliento. Fresco. Menta. De chicle. Lo saboreé como si estuviera en mi boca. Imaginaba qué sabor tendrían sus otras partes. Su cuello a flores recién arrancadas. Sus pechos a esa mismas flores, pero más suaves, los pezones, a secreto guardado, a cerradura, una vez ahí ya estaba todo dicho. Su vientre a piel seca, su pubis, más suave, tembloroso, y su entrepierna, vamos, la sal del pecado, lo que sea que se encuentre ahí nos domina, todo lo que somos lejos de ese lugar nos envuelve e inmoviliza. No había tragedia peor que una mujer desnuda.

Pero no era el caso ni atinaba a sacarse nada.

_ Mucha poesía, pero poca práctica, Mía, no quiero asustarte, pero esto va mas allá de héroes, o personas eligiendo cómo vivir, en mi caso solo acepté un mal trabajo con una buena paga…. ¿vos? ¿Podés salir? O sos como nosotros un personaje más de este entramado… decímelo vos…

Era mi momento, hablé con firmeza y confianza, me miró y le brilló la mirada, algo de mi había hecho nido en su interior, al fin acusaba respuesta de algún modo. Como si nada me acerqué un poco más, ya casi la tenía.

_ Tenés que entenderme, no puedo confiar en vos como si nada…

_ Pero en Adolfo sí- Lo dije enojado, casi ofendido.- a él si podés confiarle todo.

_ Es distinto. A él le pagué.

_¿Le pagaste?

_ Claro, por buscar a mi viejo….

Las cosas cerraban mal. Y yo lo sabía. Su padre estaba muerto, o lo que quedaba de él en un viejo galpón abandonado, luego de arder en llamas. ¿ Le contaba la verdad? Por supuesto que no, primero debía besarla, una vez concretado el objetivo le contaría la verdad, o tal vez no, no importaba mucho de momento.

La sujeté de los hombros en la semi oscuridad, como en una novela centroamericana, era extremadamente exagerado, la voz, los respiros, las miradas. Parecía que quería saltar sobre mí, pero también mantenía la seriedad de la ocasión, sus ojos brillaban, su boca se movía en un ritmo atrapante y fugaz, algo de ella era prefabricado, pero el resto era natural, ¿en qué confiaba?

Si hubiese sido un tipo piola no tendría que haber confiado más que en mí. E igual me hubiese equivocado.

Escuchamos un fuerte sonido de alguien acercándose, era Adolfo, rebotó contra la pared y gritó mientras abría la puerta de la habitación de un golpe.

_¿Que traman ustedes? ¿Eh? ¡Sin mí no son nada!

No éramos nada, aún así, habíamos entablado contacto.




Continuará…



 
 
 

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